MIL OJOS Y CIEN OIDOS

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“MIL OJOS Y CIEN OÍDOS” por Laramascoto

Del 11.09.14 al 8.11.14

Liebre inaugura su tercera temporada, segunda en Doctor Fourquet, con una exposición individual del colectivo Laramascoto, artistas que nos acompañan desde nuestros inicios.

Laramascoto es un colectivo formado por Santiago Lara y Beatriz Coto que trabaja con la animación experimental y la instalación audiovisual centrando su trabajo en la experimentación tanto técnica como simbólica que se produce en la simbiosis entre tecnología y dibujo.

En este proyecto, nos muestran una visión simbólica de la pantalla, de esos dispositivos que nos acompañan en nuestro día a día, un artefacto social, político y humano aún en “beta”. “Mil ojos y cien oídos” evoca a una multitud, un ente colectivo. Pero supone también un estado de alerta.

Esta exposición habla de la memoria, de las conexiones sociales, de la sociedad del conocimiento, pero también plantean interrogantes o dudas sobre la mercantilización de este conocimiento, de nuestra memoria y nuestra creación colectiva como sociedad. Y lo hace siempre desde un punto de vista simbólico, crítico y sin dramatismo, sólo proyectado desde la sensibilidad y casi desde una obsesión irracional que intenta describir de una manera poética toda esta carga de potencialidades que se nos abre con la utilización de los dispositivos y las nuevas redes.


Insuflemos vida al golem…
Semíramis González.

Conozco el trabajo de Laramascoto desde hace años. El hecho de provenir de la misma ciudad facilitó el encuentro con sus piezas y desde entonces no han dejado de sorprenderme. He de reconocer, en primer lugar y antes de que se sumerjan en las líneas que vienen a continuación, que cuando me pidieron que escribiera sobre su exposición en la galería Liebre esperaba ver más monstruos y seres antropomorfos, siguiendo una línea que venían trabajando desde hace años. Toda una sorpresa encontrarme con algo totalmente distinto. Una sorpresa de esas que resultan gratas, porque algo de lo que hubo sigue estando, pero lo nuevo destaca con fuerza.

Empecemos por el principio: la pantalla que nos acompaña a diario es un cerebro expandido, una conexión entre nuestras neuronas y la cultura que nos envuelve. Si la magdalena le servía a Proust como vehículo mental para evocar su infancia, la pantalla del móvil es hoy nuestro recuerdo constante, la prueba visual de que lo vivido en el pasado (cercano o lejano) ocurrió realmente. Y por aquí parece dirigirse todo el trabajo nuestro de este colectivo, que se presenta en la galería.

El fuego parece estar presente en estas nuevas obras no sólo en la producción (madera quemada con láser) sino en la idea también: en “¡Más madera!” las pantallas están ardiendo. Y sin embargo el fuego no supone destrucción sino comienzo, inicio. Esas imágenes que observamos nos generan ideas, son etéreas e intangibles pero son el punto de partida de mucho más, de nuevas ideas que nacen de lo visual.

Lejos de una visión pesimista de la tecnología, Laramascoto nos sugieren aquí nuevas miradas que interpretan nuestra cada vez mayor cercanía a estos dispositivos, pero también una visión irónica de la pantalla como objeto de culto, fetiches de una sociedad digital.

Dos seres antropomorfos (de esos que parecen haber llegado de sus series anteriores) están ahora conectados a través de una red de ramas, entre lo orgánico y lo digital, que sostienen pantallas con imágenes; parecen absorbidos por esta comunicación directa y a la vez anónima (no podemos verles la cara), son personificaciones de ese vínculo entre nuestro cerebro y la cultura. “La raíz de las ideas” es un retablo actual, una grisalla en pleno siglo XXI que sigue utilizando técnicas tan clásicas como la pintura mural junto a proyecciones digitales. Y es que Laramascoto siempre han jugado con esa ambigüedad, entre el dibujo y la pantalla, la madera y el grabado, y la proyección o la impresión 3D. Bajo la imagen principal del muro tres pequeñas escenas secuenciales, como en los retablos medievales, que nos explican cómo se han creado esos seres medio humanos medio animales que, como nacidos de un huevo, son el modelo de una nueva sociedad. Una sinapsis colectiva que desde una pieza figurativa pero fuertemente surreal nos muestra simbólicamente esa necesidad de creación conjunta, de contacto constante que enriquece nuestra creatividad.

El rabino Loew tomaba materia inanimada y convertía el barro en vida escribiendo la palabra “verdad” (Emet) en la frente del golem. Sólo podía volver a ser exánime borrando la primera letra y dejando “muerte” (Met) escrito. Al parecer no estamos tan lejos de la leyenda. Los seres que surgen de las piezas de Laramascoto obedecen al momento presente y más que responder a ninguna pregunta nos cuestionan sobre nosotros mismos y nuestra realidad. Surgen de la nada como nativos digitales de un mundo en constante cambio pero son siempre resultado de una mano humana, de un creador concreto. Nosotros somos ese sujeto. Tenemos la posibilidad de llegar a cualquier parte del mundo en apenas unos segundos, pero eso no nos hace menos vulnerables. El discurso no debe imponerse a nuestra visión crítica de la realidad. Por eso estas piezas de Laramascoto resultan tan interesantes y necesarias: más allá de su poder estético y visual, se está apelando al sentido social de las mismas, como reflejo de un mundo cambiante hoy, de una combustión constante y continua de nuestra forma de consumir imágenes.